El cielo escarlata, tenue como el aroma matutino, se escurría en torrentes vertiginosos hacia mi ventana y tan solo la claridad de mis sentidos tenían el suficiente valor para captarlos, la extraña mezcla de euforia y soledad intensificaron mis emociones, desatando la colisión de sentimientos abstrusos.
Por ello me dispuse a descender en la borrasca del aire, sigilosamente fui liberando mis miembros, mientras el aire se agitaba en tormentosos halitos de suplica, con una voz susurrante me decía que parara, que no lo hiciera... sin embargo la constelación de sensaciones me instaban, y el cielo habitado por infinitos nubarrones, me obstaculizaban las pulsiones... fue allí, cuando inquietada por un momento futuro, perdí el sentido, y caí inerte en el asfalto del edificio ocre.